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domingo, 18 de septiembre de 2016

Lago de Isoba



Cuenta la leyenda que bajo las aguas del lago de Isoba (León), en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, se encuentran todas las casas del pueblo excepto la del cura y la de una vecina que acogió a un grupo de peregrinos que marchaban Camino de Santiago. Sea verdad o no, en los días de poco viento la lámina de agua del lago Isoba se convierte en un espejo en el que se reflejan las dos montañas que lo protegen, en la Vega Fonda, muy cerca del pueblo homónimo. Como podéis apreciar, un enclave muy fotogénico.



Cerca queda otro lago, el lago del Ausente, en un rincón apartado y de gran belleza, al pie de las montañas de San Isidro, como el de Isoba. De hecho una de las rutas más preciadas es la que une ambos lagos y termina en la estación de San Isidro. El acceso más sencillo a este lago es por pista (3,3 km. ida de los que el último kilómetro que es senda) desde San Isidro ida y vuelta siguiendo el PR-LE26.
El lago del Ausente también tiene su propia leyenda, igualmente vinculada a la peregrinación. En verano sus aguas son de un azul intenso y en invierno permanecen congeladas al pie del circo formado por el pico Requejines y el Ausente. Ambos son lagos de origen glaciar y son dos de los enclaves más bellos del leonés valle del Porma. Tranquilos, imponentes, silenciosos, idóneos para encontrarse un rebaño de rebecos saciando la sed en sus aguas o descansando entre los peñascos y praderas de sus orillas.



Al lago de Isoba se llega caminando algo más de 7 kilómetros por el PR-LE 17 desde Puebla de Lillo a través del robledal de Polvoredo, pero también se accede cómodamente en coche por la carretera que sube desde Puebla de Lillo a  Isoba y la estación de San Isidro. La dificultad de acceso pues, en esta ocasión no es excusa. Podéis disfrutar de esta excursión durante todo el año, incluido el invierno. Normalmente la cota en la que se ubica este lago glaciar (1.100 m. altitud) no impide el acceso, y si la nieve hace acto de presencia, se antoja como una de las excursiones en raquetas de nieve más bellas del valle del Porma. Y entre las muchas sorpresas del valle cerca de Isoba aguarda un tercer lago en la Peña del Viento… el lago de los Hazas. Mitología y belleza real a partes iguales.

lunes, 22 de agosto de 2016

Anfibios de Redes



La Reserva de la Biosfera de Redes (Asturias) es célebre por sus bosques de haya y de castaño. Cierto. Formaciones boscosas interminables en un magnífico estado de conservación. Casi el 40% de los bosques son de castaño. Y Hayas, muchas hayas en las umbrías, que llegan a ocupar la cuarta parte del parque natural y Reserva de la Biosfera de Asturias. Pero no es menos cierto que el otro recurso natural protagonista de este espacio natural protegido es el agua.


No es raro si pensamos en los altos requerimientos de agua que requiere el haya, el árbol más exigente en cuanto a necesidades hídricas de cuantos crecen en España y en el continente europeo. No agua de lluvia (que como es lógico también agradece), sino como humedad ambiental. La niebla es el ambiente óptimo para el desarrollo del haya, que sabe cómo captarla con la disposición de sus hojas y el tronco liso. Almacena tanta agua a sus pies que poquísimas especies de plantas pueden acompañarla en su crecimiento. Son contadas las especies que resisten su compañía… y claro esa agua tarde o temprano fluye, corre por las escarpadas laderas de las montañas de Redes, se abre paso por sus prados, se desmorona desde cortados rocosos en forma de cascada (El monumento natural del Tabayón del Mongayo es el máximo exponente del parque), forma ríos como el Nalón, el curso fluvial más importante del Principado de Asturias. Y también se remansa; en embalses, pozas naturales, zonas encharcadas, abrevaderos…



Y si el haya tiene pocos “amigos” vegetales, el agua sí que hace las delicias de todos por cuestiones obvias pero sobre todo de una clase de mamíferos para la que supone una necesidad vital: los anfibios. Vale la pena acercarse a la Reserva de la Biosfera de Redes para disfrutar del agua y de las diferentes especies de anfibios que se pueden encontrar: desde la rana verde (embalse de Rioseco) hasta las varias especies de tritones (alpino en Lago la Caballuna y Ubales;  ibérico en Ubales, jaspeado en la ruta del Alba…), sapo común, sapo partero o la salamandras común y rabilarga, etc.

domingo, 31 de julio de 2016

Parque natural Jandía, bellezas en la punta sur Fuerteventura

Playa de Sotavento

Lo que la naturaleza ha unido, que no lo separe el hombre. La península de Jandía era hace muchos años una isla. Un istmo de origen volcánico la unió a la isla principal formando la actual península, una de las tres principales penínsulas canarias. Ese istmo se llama istmo de la Pared y está en El Jable.
Playa de Barlovento

Antes de llegar a Morro Jable la belleza del paisaje volcánico va cobrando enteros, pero es a partir de esta localidad turística del sur de la isla de Fuerteventura, cuando la cosa se pone verdaderamente interesante. Las carreteras desaparecen y las pistas de picón son el nuevo firme a seguir para descubrir la belleza volcánica del parque natural Jandía. La hilera montañosa central, donde se encuentran las principales alturas de la isla (pico de la Zarza 812 m.), separan dos vertientes tan impresionantes como diferentes. Viéndolas por separado parecen desde luego que pertenecen a lugares distantes en el mapa del mundo pero están aquí, a merced del viento una, la del oeste, y con la apacible tranquilidad de saberse protegida otra, la del este. Son las famosas playas de Barlovento y Sotavento.
 
Por el interior volcánico del parque natural  
Aquí viven interesantes endemismos de flora y fauna asociados a la geología volcánica, el principal recurso natural de este espacio protegido.
Playa de Cofete
Faro de Jandía


Existen varias excursiones que permiten conocerlos. Destaca la bajada al faro de Jandía, y la salvaje playa de Cofete, batida por la bravura del Atlántico. Como contraposición las transparentes y tranquilas aguas de Sotavento. Un lugar excepcional en esta Reserva de la Biosfera canaria para escaparse, ahora que corren tiempos playeros.

miércoles, 8 de junio de 2016

Lagos de Somiedo

 
Lago de Cervériz
Los Lagos de Somiedo son sin duda el puñado de lagos de alta montaña más famoso de la Cordillera Cantábrica. No les faltan motivos, les sobran más bien.
Lago de la Cueva, el primero de los lagos de Saliencia.

Y son también uno de los principales recursos naturales del parque natural de Somiedo (1988) y la posterior Reserva de la Biosfera de Somiedo, la Reserva de la Biosfera pionera en Asturias y una de las primeras en ser declaradas en España (año 2000).

Cabanas de Teito en el Valle de Lago

Los popularmente conocidos como Lagos de Somiedo fueron además declarados Monumento Natural (2003). Se encuentran repartidos en la cabecera de dos valles somedanos, el Valle de Lago y el Valle de Saliencia, así que podemos referirnos a ellos más acertadamente como el Lago del Valle y los lagos de Saliencia. Con accesos diferentes, una ruta (PR.AS15 y PR AS15.1) permite eso sí enlazar el conjunto lacustre entrando por un valle y saliendo por el otro. Una serie de paneles informativos se encargan de que el visitante  saque el mayor provecho interpretativo al recorrido por este rincón osero. Si te gustan los paisajes de montaña, salpicados de lagos multicolores, prados repletos de flores y cabañas de pastores (cabanas de teito), pocos recorridos senderistas son más fotogénicos que éste.

Lago del Valle, con su isla interior.

Se puede hacer la ruta empezando por el valle de Saliencia para caminar los 7 kilómetros (ida y vuelta) desde el Alto de la Farrapona hasta el lago Cervériz. El trazado es sencillo, con unas suaves rampas que salvan el desnivel entre el lago de la Cueva, el primero que aparece, la laguna Almagrera o La Mina (estacional) y, ya arriba, el lago de Cervériz en un cómodo caminar por pista de tierra. Desde el lago Cervériz hasta el lago de Calabazosa un sendero bien indicado permite acercarse hasta este último gran lago. De regreso al de Cervériz, una senda posibilita acceder como he comentado anteriormente al Valle del Lago y llegar al bello Lago del Valle.
Pista por el Valle de Lago
Lago del Valle

Geológicamente hablando los valores que convierten al conjunto lacustre de Somiedo en monumento natural asturiano tienen que ver, sobre todo, con los vinculados a su origen glaciar. Se trata de lagos de circo glaciar conectados por valles glaciares entre los que se erige un macizo calcáreo repleto de formaciones erosivas kársticas: dolinas, poljes, lapiaces, uvalas, etc.

Y es precisamente el conjunto lo que se reconoce como monumento natural del conjunto lacustre de Somiedo: los lagos de Saliencia (La Cueva, La Mina, Calabazosa o Lago Negro y el lago de Cervériz), el Lago del Valle y la alta montaña situada entre ellos.
 
Lago de la Cueva y senderistas subiendo a la zona de Calabazosa y Cervériz.
El capítulo botánico también es importante en este monumento, especialmente la flora ligada a la vegetación acuática, con especies amenazadas como la potentilla arbustiva (Pentaphilloides fructicosa subsp. floribunda), la cola de caballo variegada (Equisetum variegatum) y la cinta de agua (Triglochin palustris). Además de estas especies y las comunidades acuáticas de lagos y lagunas, destacan la vegetación de turberas de cárices (Carex sp.) y esfagnos (Sphagnum sp.)
Valle de Lago

¿Y respecto a la fauna? Pues nada más y nada menos que oso pardo, nutria, y otras especies más fáciles de ver como el rebeco, el águila real, el alimoche, el gorrión alpino, el acentor alpino, las chovas piquirroja y piquigualda, etc. Entre los anfibios: tritón alpino, tritón palmeado, salamandra común, sapo común, sapo partero, rana bermeja y rana patilarga.


Si no los conocéis, no dudéis en acercaros hasta ello pero antes un aviso: la cámara de fotos trabajará de lo lindo…

martes, 31 de mayo de 2016

Puertos de Marabio, geología escondida… y con vistas


Estos puertos asturianos encierran dos atractivos a los que es difícil resistirse: su importancia geológica subterránea y las generosas vistas panorámicas que se disfrutan desde este balcón natural. A los Puertos de Marabio se accede desde dos puntos. Por el norte desde Grado hasta Villabre por la AS-311 y desde el sureste por Entrago, en los Valles del Oso. Y es que el monumento natural de los Puertos de Marabio, de 12,5 kilómetros cuadrados, se reparte entre tres concejos: Yernes y Tameza por el norte, y los de Teverga y Proaza por el sur.



Siempre que he subido lo he hecho desde Entrago, localidad íntimamente relacionada con la famosa vía verde de la Senda del Oso. A medida que se asciende por estrecha carretera se gana altura con celeridad con la vista puesta en la enorme mole caliza grisácea que flanquea por la derecha la subida. Es la misma mole que abajo, al nivel de río Teverga, la célebre senda perfora mediante túneles para salvar un estrecho desfiladero.


Una vez arriba se gana un altiplano desde el que se observan unas panorámicas espectaculares y muy aéreas. Son los Puertos de Marabio. Y para gozar de las vistas privilegiadas de este balcón natural hacia el sur y el este, lo mejor es detenerse junto a la ermita de Santa Ana. La vista se extiende por el parque natural (y Reserva de la Biosfera) de Las Ubiñas-La Mesa (en el cual se incluye parcialmente este monumento natural) y más allá, hacia las montañas de Redes, otra espectacular Reserva de la Biosfera asturiana.

Hacia atrás, hacia el oeste, la visión del “altiplano” es amplia, con las paredes rocosas calizas a la derecha que dan una pista importante de la naturaleza geológica del monumento. A la vista los Puertos de Marabio se abren como un bucólico vallecito de suaves laderas encajado entre montañas. Pero el suelo del vallecito, en realidad, es un queso gruyere formado por un verdadero despliegue geológico de dolinas y valles ciegos, que en un primer vistazo permanecen ocultos a los ojos por una alfombra de pasto verde en el que crecen aulagas, robles, acebos y algunos tejos, salpicada de ganado vacuno con un aspecto inmejorable. Todo bajo el magnetismo del Pico Caldoveiro.


Su notable importancia tiene que ver también con el agua, como complejo  kárstico hidrogeológico; pues funciona a modo de gran embudo horadado por dolinas y salpicado de valles sin salida natural por los que corren regueros (Vega Prao, Vega Muria y Las Llongas) a modo de laberintos hasta que se filtran por el sustrato y son conducidos hacia la zona de Piedrallonga, el área receptora.

En esta gran esponja cubierta por una superficie de prados, abundan las cuevas y las galerías, muchas de ellas conectadas entre sí como ocurre en el sistema de Vegalonga, que llega a alcanzar 6 kilómetros de recorrido subterráneo, y otros muchos. En el caso de los valles ciegos o en las zonas entre dolinas en ocasiones se forman también lagunas.


Existe un sendero (PR.As.72) que permite hacer un recorrido circular de 12 kilómetros por el monumento natural. La capilla de Santa Ana es un buen inicio y final. A lo largo de la ruta verás que en estos puertos crece la centaura de Somiedo y el narciso de Asturias, interés botánico que se complementa a nivel faunístico con varias especies de quirópteros, el vuelo del treparriscos, el águila real, el alimoche o el roquero rojo y, sobre todo, la presencia esporádica de oso pardo.


La propia capilla de Santa Ana y sus inmediaciones son un inmejorable balcón con vistas que quitan el hipo. Acércate hasta la enorme cruz junto a la capilla, siéntate en el prado y deja volar tu mente…

viernes, 29 de abril de 2016

Entre las curiosas formas del Torcal de Antequera


Uno de los paisajes que más me gusta es el paisaje calizo. El creador de estos paisajes es el Karst. En España tenemos muchos y muy buenos ejemplos de lugares donde la roca caliza erosionada por el proceso kárstico es protagonista pero uno de los más singulares es sin duda el Torcal de Antequera, en la provincia de Málaga. Dentro de la acción erosiva, los paisajes resultantes pueden ser bien distintos. Pensad si no, en lo poco que se parecen la Ciudad Encantada de Cuenca y los Picos de Europa, por poner dos ejemplos. Pues bien, aquí tenéis otro enclave bien distinto. El Torcal de Antequera es un paisaje único, diferente.



Pasar una jornada en el laberinto pétreo del Torcal es dejarse llevar por un entorno embaucador, de curiosas formas y donde si uno se sale de los senderos, es fácil perderse. Pensad que hace unos 200 millones de años todo esto estaba debajo del mar y que lo que hoy parecen monedas de roca apiladas son en realidad acumulaciones de sedimentos carbonatados (carbonato cálcico) procedentes de los esqueletos y caparazones de la fauna marina de aquella época, allá por el Jurásico.
 
Cabra montés en el Torcal de Antequera
Hace unos 20 millones de años estos sedimentos carbonatados, convertidos en rocas calizas, se comprimieron y deformaron hasta fracturarse fruto del levantamiento del fondo marino debido a la Orogenia Alpina. La roca caliza quedó emergida y expuesta desde ese momento a la acción erosiva de agentes atmosféricos (agua, viento, cambios de temperatura, etc.). Es el llamado karst.  Poco a poco, la roca se va disolviendo, fracturando, fisurando, etc. y se crean las curiosas formas que hoy podemos encontrar en el Torcal, un paisaje en constante evolución.


El Torcal de Antequera es un verdadero centro de interpretación del karst al aire libre. Lapiaces, poljés, torcas, cuevas…. y ahí es donde tengo el paisajes kárstico que tanto me gusta.
Existe un centro de visitantes muy interesante que recomiendo visitar antes de adentrarse en el Torcal mediante alguno de los senderos señalizados. Comprenderéis mucho mejor por donde camináis.
 
Monumento Natural El Tornillo del Torcal.

Y no sólo piedras, el Torcal es una joyita biológica por lo que a flora y fauna se refiere. Es ZEPA y cuenta con 116 especies de vertebrados (las cabras montesas son un espectáculo), y casi 700 especies de plantas (mención especial a las rupícolas).

viernes, 15 de abril de 2016

De viaje

Estas semanas me encuentro realizando diferentes viajes, a cada cual más fascinante. A mi regreso, en breve, iré compartiendo con todos vosotros más experiencias en la naturaleza.